LA NIÑA MALA
03/03/15 ESCRITA POR DIANDRA B.
Cada
temblor, cada gemido, hace que la niña mala, la niña sucia, la niña oscura que
hay en ti tome cuerpo, tome vida. Sabes que no hay vuelta atrás. Eso te
atemoriza y también te excita de una forma turbia y desconcertante.
El
roce de sus dedos, apenas caricias, adormecen esa parte de ti que se niega a
entregarse a la vida, al sexo.
Tratas
de acallar las voces que se avergüenzan de tu cuerpo cuando sus dedos se
deslizan por tus pechos, cuando sus labios muerden tus pezones como si de fruta
madura se tratasen, mientras un placer prohibido te envuelve, borrando poco a
poco la consciencia que tienes de ti misma. Esa consciencia creada para los
otros, para ser como los otros esperan.
Las
sabias manos se deslizan, continuando su
viaje por un cuerpo cada vez más tembloroso. Acercándose peligrosamente a tu
ingle, a tu sexo. Los oscuros deseos enterrados en tu mente farsante, de
hipócrita niña buena, se hacen cada vez más reales, mientras esos dedos
penetran en tu vagina, con fuerza, con una presión poderosa, sin
contemplaciones, que te hacen gemir como la zorra que eres, que siempre has
deseado ser.
El
control, mantener el control es difícil, por más que él te pida que lo hagas,
que mantengas la sangre fría, que no te dejes llevar. Que aún no, que tiene más
para ti, mucho más. Y la niña mala, la niña sucia sabe que no miente.
Notas
una humedad persistente inundando tu coñito. Una mezcla de vergüenza y
excitación embotan tu mente, tus sentidos.
Deseas
huir cuando los dedos de él se entretienen en tu clítoris. Sus movimientos acompasados,
rítmicos, profundos, despiertan un lado tan salvaje de ti, que crees que vas a
morir, que vas a disolverte en la nada de ese orgasmo que evitas sentir.
¡Sí!
Morirás de ese placer profundo y sin márgenes que toma cada vez más fuerza en
tus entrañas. Deseas huir. Debes huir. Que él te penetre, que se corra, para
que todo vuelva a su cauce. Para que todo vuelva a ser razonablemente falso,
políticamente correcto.
Una
sensación de profundo placer, una corriente eléctrica te recorre. Tu cuerpo se
ha entregado ya a lo inevitable, mientras emites un gemido sordo y profundo,
apenas audible, ahogado en la almohada que llevas media hora mordiendo sin
piedad.
Pero
el deseo no ha acabado. Deseas tocar al hombre. Deseas comerte esa polla suya
que te mira desafiante. ¡No vas a poder tía! ¡No vas a conseguir que se
empalme! ¡Eres demasiado insignificante,
demasiado poquita cosa!
Pero
la niña mala no escucha. La niña mala solo quiere deslizar su lengua por esa
verga que tanto la excita. Desea chuparla como si de un caramelo de fresa,
suave, tierno, rico, se tratase.
Te
pones húmeda solo de pensar en tenerla dentro de tu boca. Tu coño se excita
imaginándola crecer entre tus dientes, sobre tu lengua, dentro de ti, cerca de
tu garganta. Placer pecaminoso.
Los
movimientos son torpes, inexpertos. La lengua paladea, tratando de memorizar cada poro, cada entresijo. Recorre morosa el
prepucio atenta a la reacción de él. Mientras el hombre observa en silencio. Espera
en silencio el momento oportuno.
Te
voltea en la cama rápidamente. Te penetra dejando que sientas todo su poder sin
preámbulos. Pero estás tan excitada que entra dentro de ti con suavidad, pese a
la fuerza y vigor que imprime a la acción.
Sus
movimientos, sus embestidas, su polla clavándose una y otra vez en el coñito,
doma a la niña buena. La niña mala toma su lugar. La niña mala se masturba con
la mano del hombre que presiona su clítoris mientras gime de placer con cada movimiento
de la polla dentro de su vagina, con cada mordisco. La niña mala, sucia, guarra,
se corre, se deshace, mientras siente el cálido semen del hombre que se mezcla
con el fruto de su propio placer.
La
niña oscura, sucia, mala, dibuja una sonrisa en su rostro juguetón, mientras la
noche se aleja, ocultándose tras la claridad de un nuevo sol.



Comentarios