diario de una seduccion
Ese
día era viernes, especial en todo sentido, desde que abrí los ojos en mi
corazón se abrió la esperanza de vivir un sueño. Tenía cita con un chico que
había conocido por internet, me agrado su charla, un perfil normal de un hombre
maduro, experimentado y estable, fue lo que me atrajo, nada especial en sí,
quedamos en una cafetería para desayunar, eran las diez de la mañana, iba bien vestida pero no
esmeradamente pues me obligue a ir de forma discreta para que no pasara nada ese
día, así tenía una buena excusa para no incitarle. Sonreía solo pensarlo, ese día
llevaba medias marrones, blusa y falda gris a media rodilla, chaleco rojo y
abrigo gris, botas bajas. Mi aspecto físico son ojos redondos color verdes,
pelo castaño rizado a media melena, mido 170 cm, mi peso es de 75 kilos con
unas curvas atractivas para los hombres, pechos grandes, erguidos de copa cien,
culo respingón y grande.
Al
verle me atrajo su mirada fija y segura, nos saludamos con un hola y un beso en
la mejilla, nos sentamos en el bar donde nos habíamos citado, pedimos tostadas
con café y empezamos a conversar, me sentí inspeccionada por su mirada y
encantada con su sonrisa burlona, me sentía torpe en mi proceder, me ponía muy
nerviosa, el lo sabía y lo disfrutaba. Después de desayunar, me invito a ir
a su oficina para seguir conversando, porque
tenía que atender unos asuntos, salimos del bar y yo me sentía intimidada. El
es alto, de físico atlético, pelo negro, ojos marrones, mirada profunda, labios
sensuales y sonrisa burlesca, voz masculina, firme, poderosa denotando mucha
seguridad.
Me
senté a su lado en el vehículo y en todo momento fue un caballero, al llegar al
edificio reanudamos la conversación, me
sentía expuesta, a solas con un hombre desconocido para mí, pero interesante.
Entramos
en su edificio que estaba bastante tranquilo y silencioso, sin embargo su
comportamiento era perfecto y no me insinuó nada indebido. Tuve dudas y me
entro miedo, con ganas de salir corriendo, no de lo que él me pudiera hacer si
no de la respuesta que yo pudiera darle.
Estuvimos
un buen rato conversando sobre nosotros y nuestras vivencias, el jugaba con mi
mente y con mis reacciones, se daba cuenta del efecto que tenía en mí, nerviosa
como estaba no sé en qué momento empecé a desearle y me trataba de controlar
para que no adivinara mis pensamientos, creo que no lo hice muy bien porque me
descubrió en una de sus miradas instigadora.
Eran
las dos y salimos a comer, la impresión que tuve es que el propósito de la
comida no era para alimentarnos si no más bien para que el me siguiera
analizando, descubrir en mí mis partes débiles, ver mi verdadera yo.
Pedimos
el menú de la casa y me di cuenta que lo hacía para tener tiempo y descubrir en mi a la mujer que tenía delante.
Para beber pedí Coca-Cola y el me dijo porque no pedía otra cosa, le comente
que el alcohol me desinhibía y me hace vulnerable, el sonrió y le dijo al
camarero que trajera dos cervezas. ¡Que cabrón!, me gustó su poder de persuasión
y aunque no la tome toda estaba algo chispada.
Después
de comer y hablar un buen rato me dijo que no me preocupara porque me iba a
tratar con respeto y no haría nada que yo no quisiese, me agarro la mano fuerte
para darme seguridad y apoyar sus palabras.
Regresamos
a su oficina, no sé por qué no le pedí que me dejara en mi casa, ese hombre ya
me tenía idiotizada, hipnotizada, llámelo como quiera, quería pasar la tarde
con él, hablando, escuchándole, observándole.
Al
cabo de un rato me dice que escribe relatos eróticos y me pregunta si los quiero
leer, son experiencias vividas a lo largo de su vida, sorprendida y temerosa
por mis reacciones me sentó en su sillón para que pudiera leerlas a gusto. En
los que mis ojos recorren las líneas llenas de morbo, sensualidad y deseos me
siento más nerviosa e impactada por esas palabras llenas de sexo por todos
lados. Me empieza a latir el corazón y la mente en shock sin poder apartar la
mirada de la pantalla del ordenador.
Observo
como él me mira, sonrisa al aire, mirada profunda, sabe que me tiene a su
merced, nota mi excitación y se acerca a mí impidiéndome moverme, me mira a los
ojos y me pregunta que me parece el relato, asustada y encantada le expreso lo
mas tranquilamente que puedo sin demostrar nerviosismo que está muy interesante
y bien escrito, ingenua de mi le pregunto si esos hechos pasaron en realidad, a
lo que el divertido se acerca mucho mas a mi cara y sin apartar la mirada de
mis ojos, tan cerca que puedo sentir y oler su piel de macho, me pregunta que
haría yo si me besara en esos momentos, que cabrón pensé, está jugando conmigo
y con mi mente de tal manera que se me nublo y no pude reaccionar cuando rozo
sus labios con los míos, empecé a temblar, sentí mis pezones erguirse y mi
cuerpo reclamar caricias. El divertido se separa de mí para contemplar su hazaña,
permitiéndome regresar a la lectura, ¡como carajo me voy a concentrar después
de ponerme así!, me llene de calma, recobre tranquilidad, no sé de dónde y
termine la lectura. El, curioso me pregunto qué es lo que más me había gustado
y en ello estaba cuando me pregunto qué
sensaciones había sentido cuando me beso.
¡Coño
que cojones!, como si no se hubiera dado cuenta lo que había sentido, le
conteste que bien, sin mayor importancia, quiso probarme de nuevo y sin
esperarlo me tapó los ojos con la mano derecha,
me asuste de lo imprevisto de la situación, todos mis sentidos se pusieron
en alerta, mi piel se erizó, no sabía que esperar o que iba a pasar, que
sucediera rápido pensé, esta incertidumbre me comía por dentro, toco mis labios
con sus dedos, mi cuello, ¡joder!, mi cuerpo me delato, mis sensaciones me
traicionaron, capturo mi boca reclamándola como suya y la poseyó con su lengua,
ese fue el final de mi resistencia, la quise dentro de mí. Me consiguió, me
ganó, el poderío de su persona, me entregue a sus caricias. Paso sus manos por
mi cuerpo hasta que llego a mi falda, la fue levantando despacio y sin darme
cuenta metió sus manos en mis pantis y se fue directamente a mi coñito que
estaba muy húmedo de la excitación. Mi primera reacción fue sepárame de él,
apartándole de mi lado, con mi respiración muy agitada y tratando de
convencerme que eso no podía suceder.
Me
voy al baño para intentar calmar mis ánimos y recobrar la compostura, mientras
limpiaba mis fluidos me di cuenta que estaba empezando a venirme la regla, me
alegre, eso me dio fuerzas y la excusa perfecta para no caer en sus garras;
salgo envalentonada para enfrentarme a su mirada y decirle que no podía tener
sexo y cuáles eran los motivos.
El
muy cabrón me contesta que eso no le importa en absoluto, me agarró del pelo y
me tiro encima de la mesa, levanto mi falda y de un tirón me quito mis pantis y
mis braguitas, en aquel momento pensé, ”Ohhh Dios, hoy me voy al infierno” lo
que sucedió a continuación no te lo puedo contar querido diario, fue todo tan desenfrenado, lujurioso y pasional
que estoy condenada de por vida por haber caído en las garras del diablo.



Comentarios