una sumisa cabreada
25/02/2015 escrita por DIANDRA B.
Me gusta la sensualidad
pero no me llevo bien con el erotismo, porque me enseñaron que es pecado. Y yo
lo sé bien porque, pecaminosamente, le robaba a mi padre las revistas guarras
para tocarme de forma totalmente sucia y depravada a los trece años. Luego no
me hicieron falta, porque descubrí que tenía imaginación… ¡y un dedito juguetón!
Debería cabrearme contigo
por despertar al dragón dormido bajo mi piel. Pero voy a ser buena. Debería
matarte, cabronazo de mierda, y puede que lo haga pero hoy no... mañana.
Mientras escribo esto me estremezco
recordando tu pene dentro de mi culo, la sensación de ser una puta bajo los
rítmicos movimientos de esa polla tuya que Dios (o más bien el diablo, voy al
infierno fijo por esto, menos mal que me gusta el calor), bendiga. Con cada
embestida sentía que me moría de un placer intenso, húmedo, sucio y totalmente
inaceptable. Sé que te vas sorprender si te digo que no me gusta ni un pelo
perder el control. Con cada clavada,
donde tenía que llorar de dolor, intentaba contener el llanto para darte el gusto
de saber que me estabas matando de placer. Soy una gata, nunca se puede domar a
una gata, eso que lo sepas.
Y en estas, que ahí estaba yo preguntándome: “¿Qué
me esta haciendo, madre mía? Escalofríos, sensación de mareo, espasmos… Eso no
puede ser sano”, pensaba. Eso no puede ser bueno. Contrólate, por dios bendito.
Eres más puta que las gallinas. Pero ni caso. No me hago caso ni yo. Soy un
chiste con patas. En serio, me dí por vencida. Era imposible dejar de desear
que me abrieras, que me rompieras por dentro. Mil búfalos pateando una pradera
nevada desde hacia años; mil búfalos derritiendo la nieve que cubría mi piel.
Tarde para devolver a la fiera a la jaula. Demasiado tarde.
¿Pero quién demonios te enseñó a hacer eso con la
lengua? ¿Eso es legal? Jamás he dejado a nadie comerme el coñito. Y llegas tú,
y ¡ni siquiera pides permiso! Pensé “este tío se cree que todo el monte es
orégano, y no es así, también hay tomillo, espliego, ¡pero que no pare o me
muero!, ¡no, que pare, que pare, que me muero!”.
Y lo del clítoris ese, que
resulta que se poner eréctil. Que vergüenza he pasado desde que lo sé. En
serio. ¿Se notará desde fuera? ¿Se empalmará cuando ves a un tío que te pone? Ideas,
tú sigue metiendo ideas en esta cabecita mía. Y lo peor es que me he aullado
como una loba con tanto sobarlo. He creído que me rompía con esa mezcla
extenuante de placer y dolor, tan rico, tan… ¡ahí! Perdón me he distraído, ¡ah!, un “poquito”.
Creía que me volvía loca. Deberían nombrar tu lengua monumento nacional. Lo
propondré en el Congreso.
Estoy enfadada, que
conste, por dos cosas:
Primero he pensado, mi tía
tiene razón, cuando no lo haces muy a menudo eso se pone tan duro que ni con un
escoplo (pensar en mi tía con las piernas abiertas y tu boca entre ellas es un
corta rollos inmenso, que lo sepas, ¡bonica es mi tía!);
Segundo ahora a mí con el
dedito ya no me basta, no llego ni de coña. ¿Se te ocurre alguna idea para
solucionar este problemilla? ¡Y ya puedes borrar esa sonrisa de tu boca, hablo
en serio!
Firma: una sumisa cabreada.



Comentarios